viernes, 3 de diciembre de 2010

La Primera Despedida

Después de mucho tiempo sin verla, Bernard se encuentra por casualidad con Mariela, quien al pasar los años esta convertida en toda una hermosa niña universitaria. Tez blanca, cabellera negra y rizada, un hermoso rostro, una pronunciada cintura, caderas anchas, grandes nalgas redondas y firmes que se dejan adivinar, junto con una sensual tanga, en un ajustado pantalón blanco strech. Y bajo un relajado y discreto escote se dibuja la escultural silueta de dos grandes, apretables y jugosos senos.
     Bernard sabe que esta es su oportunidad, que no puede dejarla escapar esta vez como sucedió en aquellos años de prepa, donde aún a fuerza de insistir, no lo logró con ella más que el famoso sí pero sin saber cuando.
     Después de las acostumbradas formalidades en la plática, ella acepta salir en la noche con el a bailar.



     Bernard pasa por Mariela a su casa a las 9 de la noche, pero hay algo que rompe con todo el plan de él, Mariela va acompañada de su hermana. Esto es un balde de agua fría para Bernard, - ¡Un chaperón! -refunfuña por dentro. Mientras Mariela le sonríe como adivinando su pensamiento.

     El ambiente es bueno en el antro, y al calor del baile es antojable un whisky para el y una paloma con tequila para ella. Pasan las horas y el baile cada vez mas sensual de ella, tiene a Bernard al limite de la excitación, pero no se puede hacer mucho...la hermana los vigila. En un rato de descanso y ya al calor de las copas, las indirectas y los roces son más frecuentes y atrevidos, ante esto, la hermana da la orden de partir.

     Ya en la puerta de la casa de Mariela, la hermana, con bastante sueño, se despide y se mete a dormir -¡No te tardes Mariela!
- No, sólo me voy a despedir...

     Bernard, sabe que es ahora o nunca, y sin darle tiempo de nada, la besa, ella intenta safarse pero acaba por ceder y corresponder. Bernard la abraza fuerte, las ansias de sentir en su piel la carne de tan perfecto cuerpo logran de inmediato una gran erección. Ella siente como crece de manera tibia y firme esa gran verga y desliza su mano derecha por encima del pantalón hasta encontrarla, esto la excita y su respiración comienza hacerse más rápida. El hace lo propio con la espalda de ella, la acaricia desde la nuca hasta depositar su dos manos en esas dos redondas nalgas. Despues sus manos encuentran ese par de jugosos senos que ya para ese momento muestran sus pezones tan duros y el los acaricia con delicadeza.


Pero Bernard busca más y mientras ella acaricia su gran pene, el desliza su mano hasta encontrar la vagina de ella. Pero el pantalón le estorba, y en un hábil movimiento, logra introducir su mano por debajo del pantalón y de la tanga, para encontrarse con el delicado, caliente y húmedo monte de Venus. Comienza a acariciar su clítoris, ella siente que sus piernas se vuelven de trapo, está caliente, como nunca lo había estado y aprieta fuertemente ese duro y palpitante pene al sentir ese nuevo placer en su vagina. Bernard está apunto de introducir sus dedos, cuando ella le hace un alto, sin decir palabras ella voltea a ver el auto de él y Bernard comprende de inmediato...

     Ya dentro del auto, el se quita su pantalón y ella hace lo propio. Ella, con un poco de miedo y emoción, toma entre sus manos la verga de el y lentamente la introduce en su boca, ella la acaricia, la moja con su lengua, la chupa, quisiera devorarla completamente pero su gran tamaño no se lo permite.


Bernard sentado en el asiento trasero, la acomoda de frente a él y poco a poco comienza a penetrarla mientras acaricia y chupa esos ricos y duros pezones. Sus manos se aferran a esas exquisitas nalgas iniciando un loco vaivén, el siente como se contrae contra su pene la húmeda vagina, pareciera que se ha convertido en una segunda boca que lo devora todo, lo humedece, lo calienta y con un placentero gemido de los dos, lo hace explotar dentro de ella...
     Una luz se prende en la casa de Mariela, rápido se componen las ropas y sale del auto de Bernard.

- ¡Mariela, ya es muy tarde, entra ya...!
- ¡Si papá, ya voy, no tardo!

     Ella se inclina hacia la ventanilla del auto y se despide...

- ¡Adiós Bernard, buenas noches! ¡Me dió mucho gusto volverte a ver!
- ¡Igualmente!

     Y con un tierno beso, Mariela se fue a dormir...

martes, 30 de noviembre de 2010

Bernard se Fue...

Es clásico en Bernard, siempre salir de noche usando la oscuridad como arma para su cacería.
     Eran las 11 de la noche, cuando puso una luz tenue en toda la habitación que puso a temblar de emoción a su última presa...
     Con una mirada hecha de travesura, ella se fue despojándo suavemente de su pantalón ajustado, dejando ver poco a poco ese par de hermosas y redondas nalgas separadas por una tibia y espectacular tanga azul.
- ¡Detente! -ordenó Bernard antes de que el pantalón bajara más, quedando solo al descubierto esas suaves y delicadas nalgas. Bernard se acercó a esa estrecha espalda acariciando con su gran pene ese surco de placer que forman el par de monumentos carnosos, ella sintió suave y tibio el vaivén de Bernard, mientras se daba cuenta que una mano de él urgaba por debajo de su tanga encontrando su vagina...su clítoris...su placer...
     La otra mano recorría, subiendo y bajando los carnosos y firmes senos que todavía cubrían una fina lencería. Bernard la jaló un poco y apareció un duro y gran pezón erecto, el lo acarició y su presa sintió una descarga de placer que la hizo exclamar un pequeño y ahogado gemido.
     Bernard, con delicadeza, la dobló hasta dejarla en cuatro puntos sobre la cama, y dejando totalmente expuestas ese par de nalgas que imploraban por ser penetradas, Bernard haciendo a un lado la tanga, acercó su pene al ano y acariciándolo por un rato de manera circular con él, y no pudiendo contenerse más, se fue introduciendo poco a poco...ella sintió como se abría paso aquella cosa tan caliente, era una sensación nueva, era la primera vez que alguien la tomaba por ahí...sentía como si la quisiera partir en dos...el dolor se fue transformando en un agradable placer...más placer....más.....más placer...hasta que sintió toda una explosión de él, que la hizo soltar un gran gemido para luego caer boca abajo en la cama y no saber más...
    Después de un rato ella volteó buscando a Bernard, del que nunca supo que así se llamaba, por qué Bernard, sin decir palabras...se fué...